(Foto propiedad del H. Rialto)
A seis años de cumplir el medio siglo, encontró el amor con quien compartir los inviernos y primaveras de la vida que le quedase.
Ronald era un tipo alegre, que sabía cuidarse y disfrutar con los placeres que la vida y las mujeres pusieran a su alcance.
Victoria organizó un viaje a Venecia con el fin de celebrar su primer aniversario de conocerse. Se hospedaron en un hotel con el mismo nombre que el puente más antiguo de Venecia, el Rialto.
La primera noche preparó hasta el más mínimo detalle, pétalos de rosas en la cama, ramos en la terraza y champán, mucho champán que Ronald vertió en el cuerpo desnudo de Victoria para beberlo poco a poco con sus labios.
Sus cuerpos resbalaron sobre las burbujas doradas hasta perder el control, hasta mezclar el placer y la sangre. Victoria mordió los labios carnosos de él, como se muerde un bizcocho relleno de cholate.
A la mañana siguiente, sus bocas amanecieron llenas de rojo y pasión.
La resaca dio paso a la tragedia. El cuerpo de Victoria estaba frío e inmóvil. Ronald intentó devolverla a la vida, y con lágrimas en los ojos, comprobó que sus besos y abrazos no servían para nada.
Después de la autopsia, los forenses dictaminaron la causa de su muerte: envenenamiento por sangre de un loco enamorado.


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