“Trata a las personas como si fueran lo que deberían ser, y ayúdalas a convertirse en lo que son capaces de ser.” Goethe

martes, 28 de abril de 2009

Hombres de Costumbres

Darse cuenta que el ser humano es un animal, está al alcance de pocos. -De esos pocos - me dijo Tomás; – menos de la mitad, aprende; que somos animales de costumbres…-

Entonces pasó a relatarme la historia de un manager como se les llama en Buenos Aires a los jefes. Su manager era un tipo estricto con toda normativa laboral.
En los años posteriores a la dictadura del general Videla la corrupción se esparció por todos los lugares, como una peste amarilla. Que así se les quedaba la piel a los cadáveres unos bajo tierra y otros sobre ella.
La multinacional italiana se infectó enseguida. Ya se sabe, los de arriba llevan una vida muy ajetreada, siempre de reuniones promiscuas. En una, reunieron al departamento para decir; que la empresa había decidido ofrecer a sus más fieles empleados la oportunidad de jubilarse a los cincuenta y tres años.
Tomás que por entonces ya se había separado, tenía que hacer frente a una pensión de sus hijos y a una nueva hipoteca hasta los setenta años. El manager estaba felizmente casado, tanto; que apenas aparecía por su casa. Su jornada empezaba a las ocho y hasta las ocho de la tarde como muy pronto no abandonaba su puesto.

El ambiente se fue enrareciendo, como un cáncer que va lentamente pudriendo las entrañas y que cuando da la cara es demasiado tarde. Los de arriba meaban hacia abajo, y explicaban que lo que les caía encima era la lluvia más pura de que jamás había empapado sus tristes vidas.
Carlos Alberto optó por beber la lluvia dorada metiendo la boca en el grifo. Tomás renegaba de la actitud obscenamente servil de su superior, cosa que le generó más de un problema. La hipocresía campó a sus anchas.

Tomás estaba deseando dedicarse a lo que le gustaba, su teatro sus castings con los que sacaba algún peso más que sumar a su cuenta bancaria; llena de telarañas.
Al poco aumentaron las presiones sobre el personal para abandonar la empresa. En pocos meses hubo una purga que afectó principalmente a la gente con mando. Pero lo que nadie sabía, era que según salían de la empresa italiana entraban en otras más pequeñas de familiares o conocidos de los de arriba; que realizaban los trabajos de la gente que obligaron a irse.
Así que de un día para otro, Carlos Alberto Pérez Guijarro desapareció de la oficina. Dejando en su lugar a otro compañero de Tomás, con menos personalidad aún que su antecesor.
El destino, a veces; tiene un humor especialmente fino. En el parque empresarial solo había dos bares restaurantes y allí coincidían a la hora del almuerzo Tomás y Carlos.
– ¿Que tal por la nueva oficina?- preguntó Tomás socarrón
– Peor , mucho peor que donde estás, más horas, peor pagadas…- Mintió descaradamente. – ¿Y tú?..¿Sigues con el teatro?- Contraatacó -¿Sigues siendo feliz?-

Tomás sonrió -ya te dije una vez, que el hombre; es un animal. Un animal de costumbres. Y a ciertas edades es imposible cambiarlas.-

Santa 28/04/09

1 comentario:

DEVA dijo...

Ser como Tomás parece que cada vez es mas dificil a tenor de lo que te encuentras,hay muchos Carlos con Guijarros en el bolsillo que encima tienen la osadía de enmascarar su envidia a través de la socarronería.

Buen relato Santa "Esperanza".Besinos


Mahatma Gandhi 1869-1948. Político y pensador indio

Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él.

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