Tiene que haber algo. Algo nos envenena lentamente. Estoy seguro. Porque si no es así; estamos jodidos.
Le pasa solo a la gente que vive en grandes ciudades, me quita la paz a mí…
El aire que respiramos. Andando por la calle hasta lo puedes oler. En el coche igual no, por el ambientador. Me dirás que en el metro no hay problema, pero estás equivocado. Se cuela por las rejillas de ventilación que hay en todas las estaciones.
En el metro se condensa más, porque está más abajo. No se huele, la razón es evidente, te la voy a decir de todos modos, por si nunca coges el metro…
No olemos porque vamos tan deprisa que no damos tiempo al cerebro a que huela la contaminación. Simplemente vamos pensando y pasando por encima de los demás.
Pensar… Imaginar, considerar o discurrir lo dejamos de hacer hace mucho tiempo, con la TV. ¿ Por qué si no tanto interés, en el TDT para ver más de 30 canales?
Más de treinta canales… si lo multiplicamos por 24 horas…
El verdadero problema está en el aire. Porque la gente del campo ve la TV y no tiene prisa. Cuando vienen a la ciudad se extrañan que podamos vivir aquí.
Creen que estamos locos. Pero si se quedan, al cabo de un tiempo; se vuelven locos como nosotros. Corren las prisas por sus venas, la indiferencia, el vacío.
Si no estuviéramos contaminados iríamos más despacio; en coche, en moto, en bici o andando. Y al hablar miraríamos a los ojos, antes escucharíamos las palabras del otro;
El viento no podría llevarse las palabras, porque se quedarían en el corazón.
Si no estuviéramos contaminados, puede que nos preguntásemos para qué madrugar tanto, acostamos tan tarde y dormir solos tan mal.
Y si es justo levantar a los bebés y a los niños a la misma hora que nosotros, para castigarlos con el metro; cuando el sol sigue durmiendo, cuando las cacofonías estridentes de los coches taladran el tímpano dejando mudos a los pájaros. Cuando el aire que respiramos son calles negras y malos humos. Que no se ven, pero matan…
Así un día y otro año. Siempre lo mismo, inspirar, exhalar, suspirar, afanarse, angustiarse… Está en el aire, porque la alergia, la alegría; mejora cuando salgo de aquí y me voy lejos con un libro en la mano.
Me siento mejor mientras saboreo el olor de la jara, acaricio el romero con mi mano y cojo tomillo para el té. Y tumbado descalzo en la hierba, el cielo dibuja para mí formas y colores.
El viento de primavera susurra a las hojas… a nosotros, que la vida se pasa muy deprisa, que no nos perdemos nada; por andar despacio por ella.
Que la felicidad está oculta en pequeños instantes de todos los días.
Le pasa solo a la gente que vive en grandes ciudades, me quita la paz a mí…
El aire que respiramos. Andando por la calle hasta lo puedes oler. En el coche igual no, por el ambientador. Me dirás que en el metro no hay problema, pero estás equivocado. Se cuela por las rejillas de ventilación que hay en todas las estaciones.
En el metro se condensa más, porque está más abajo. No se huele, la razón es evidente, te la voy a decir de todos modos, por si nunca coges el metro…
No olemos porque vamos tan deprisa que no damos tiempo al cerebro a que huela la contaminación. Simplemente vamos pensando y pasando por encima de los demás.
Pensar… Imaginar, considerar o discurrir lo dejamos de hacer hace mucho tiempo, con la TV. ¿ Por qué si no tanto interés, en el TDT para ver más de 30 canales?
Más de treinta canales… si lo multiplicamos por 24 horas…
El verdadero problema está en el aire. Porque la gente del campo ve la TV y no tiene prisa. Cuando vienen a la ciudad se extrañan que podamos vivir aquí.
Creen que estamos locos. Pero si se quedan, al cabo de un tiempo; se vuelven locos como nosotros. Corren las prisas por sus venas, la indiferencia, el vacío.
Si no estuviéramos contaminados iríamos más despacio; en coche, en moto, en bici o andando. Y al hablar miraríamos a los ojos, antes escucharíamos las palabras del otro;
El viento no podría llevarse las palabras, porque se quedarían en el corazón.
Si no estuviéramos contaminados, puede que nos preguntásemos para qué madrugar tanto, acostamos tan tarde y dormir solos tan mal.
Y si es justo levantar a los bebés y a los niños a la misma hora que nosotros, para castigarlos con el metro; cuando el sol sigue durmiendo, cuando las cacofonías estridentes de los coches taladran el tímpano dejando mudos a los pájaros. Cuando el aire que respiramos son calles negras y malos humos. Que no se ven, pero matan…
Así un día y otro año. Siempre lo mismo, inspirar, exhalar, suspirar, afanarse, angustiarse… Está en el aire, porque la alergia, la alegría; mejora cuando salgo de aquí y me voy lejos con un libro en la mano.
Me siento mejor mientras saboreo el olor de la jara, acaricio el romero con mi mano y cojo tomillo para el té. Y tumbado descalzo en la hierba, el cielo dibuja para mí formas y colores.
El viento de primavera susurra a las hojas… a nosotros, que la vida se pasa muy deprisa, que no nos perdemos nada; por andar despacio por ella.
Que la felicidad está oculta en pequeños instantes de todos los días.

2 comentarios:
pues si, toda la razón tienes, la contaminación envenena, el estrés envenena y la tele envenena... y el ordenador también (pero éste es un veneno dulce)
Tu: Lejos de nosotros la funesta manía de Pensar...¿No?
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